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  • Miscelánea: cultura romaní, sociolingüística y medioambiente
    Núm. 8 (2017)

    Es una satisfacción para mí la publicación del número 8 de esta segunda época de Balkania, gracias al apoyo de Casa Mediterráneo y de su director, Javier Hergueta. Durante los últimos años Balkania se ha venido manteniendo como una revista de referencia, surtiéndose de los vínculos académicos entre España y el sudeste europeo e incorporando contenidos de autores de otras geografías a los que publicamos en español e inglés.

    En este número hemos querido continuar con el mismo espíritu de los números anteriores: lograr una publicación de nivel que acerque los Balcanes desde el rigor y la profundidad. Continuamos buscando un equilibrio entre análisis históricos y el seguimiento de la actualidad, pero con la suficiente perspectiva para que la revista no quede encorsetada en un momento político y tenga un horizonte de interés para el bien de los investigadores futuros.

    Este año hemos optado por tratar varios temas que no habían sido abordados hasta ahora. En primer lugar, debo dar las gracias a la ayuda prestada por el sociólogo y profesor honorario de la Universidad Paris-Descartes, Jean Pierre Liegoise, experto en temas romaníes, por su inestimable ayuda en la realización de este número de la revista. De esta manera, abordamos la historia de las comunidades romaníes en los Balcanes a través de un artículo de los especialistas Elena Marushiakova y Veselin Popov, que trazan un recorrido sobre la identidad romaní desde la época del Imperio otomano hasta los tiempos actuales del paneueopeismo y la globalización. También las cuestiones lingüísticas tienen un lugar: Hristo Kyuchukov explora en la codificación del idioma romaní y defiende que el enfoque necesario para desarrollar un léxico codificado romaní valaco es utilizar las antiguas palabras romaníes que están olvidadas en algunos dialectos pero que se conservan en otros. En cuanto a la cuestión sociolingüística, el artículo de Jelena Kovač tiene como objetivo proporcionar información preliminar sobre las actitudes de la población gitana joven de Serbia hacia el aprendizaje y la preservación de su lengua materna, fijando como un factor determinante el papel que juega la familia.

    El trabajo de Anamarija Marinović, desde su especialidad académica en los estudios lusófonos, analiza y compara los conceptos de ausencia y anhelo (saudade) y su equivalente lingüístico serbio čežnja en las dos respectivas culturas. A Balkania le interesa trabajar en esta vertiente comparativa que acerque los estudios balcánicos a otros estudios de área.

    Otro tema que Balkania no había analizado hasta el momento eran los temas medioambientales, que cada vez más van emergiendo en los estudios balcánicos. Jeroen Arends pone en valor el concepto de servicios ecosistémicos como un enfoque que podría desempeñar un papel muy relevante en el uso sostenible de la región y la gestión de áreas naturales y recursos naturales. El artículo de Nadezda Apostolova y Daniel Scarry resume los patrones en el sistema socioecológico de Macedonia, que muestra cómo los factores económicos, sociales y políticos se interrelacionan con los paisajes, las especies y los ecosistemas en el presente. La publicación de ambos artículos permite una visión focal amplia de toda la región, pero también un acercamiento a nivel estatal..

    El censo en Bosnia nos parecía un tema de gran importancia, a tenor de la situación política complicada que vive el país, con los difíciles equilibrios étnico institucionales existentes desde la firma de los Acuerdo de Dayton. La defensa de la tesis de Esma Kučukalić y la publicación de un libro al respecto, nos parecía una excelente oportunidad de publicar los resultados de varios años de investigación.

    El trabajo de Aleksandar Kocić permite poner en un mismo plano, con todas sus complejidades, los acuerdos de paz sellados para Bosnia y Herzegovina y Kosovo, que pasan en la actualidad por ser dos de los puntos de incertidumbre política más relevantes de la región. El interés de este artículo, además del plano internacional, reside en que contribuye a establecer un punto genealógico en relación al escenario actual. Esto es particularmente importante, sobre todo, desde el punto de vista de los estudios comparados, porque después de la fragmentación yugoslava los países de la región van mostrando realidades estatales cada vez más particulares o diferenciadas.

    Deseo que este número cumpla con las exigencias de nuestro público y que contribuya a la expansión de los estudios balcánicos, no solo aportando conocimiento, sino también favoreciendo la aparición de nuevas líneas de investigación.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania

  • Monográfico dedicado a Macedonia del Norte
    Núm. 7 (2016)

    Cuando los responsables de la revista Balkania se pusieron en contacto con Casa Mediterráneo proponiendo una colaboración para publicar y distribuir este proyecto académico, la Casa lo acogió con interés y mostró su apoyo sin dudarlo. Las razones son varias y de diferente naturaleza. Casa Mediterráneo forma parte de la Red del Casas del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (MAEC) como herramienta para el ejercicio de la Diplomacia Pública, que es aquella que hace a la sociedad civil participativa de las relaciones internacionales. El mundo académico es sin duda un ejemplo de esta sociedad civil a la que la Diplomacia Pública dirige su atención. De igual manera, la acción de la Casa cubre el espacio euromediterráneo y, desde sus orígenes en 2009, ha mostrado gran interés por la Europa balcánica. Otra razón es el hecho de que esta revista ha sido anteriormente publicada por la Embajada de España en Belgrado. En este sentido, la visión del diplomático Javier Hergueta, en aquel momento Segunda Jefatura en esa Representación Diplomática española, fue decisiva para el impulso de la colaboración de este proyecto académico con las instituciones públicas españolas. Por último, esta colaboración adquiere un gran valor para la Casa en el momento en que accede a los contenidos de los ejemplares anteriores de Balkania, por la indudable calidad de sus estudios socio político y la relevante categoría intelectual de sus redactores. Por todo lo anterior, la Casa emprende con ilusión el inicio de esta colaboración con la revista, participando en la publicación, distribución y presentación de este séptimo número. Para aquellos que tengan interés en conocer mejor a la Casa Mediterráneo, les invito a visitar su página web: http://casa-mediterraneo.es/

    Quisiera felicitar al editor de Balkania, Miguel Rodriguez Andreu, por el esfuerzo y tesón que demuestra con cada publicación de un número de la revista. Con ello, contribuye, de manera excelente e inestimable, a cubrir un espacio de estudios balcánicos por parte de España, lo cual merece el mayor reconocimiento, que extiendo a Javier Hergueta, por su preciada visión política, académica y cultural con este proyecto, y a Carlos Flores Juberías, Cónsul Honorario de la República de Macedonia en la Comunidad Valenciana, por su interés en la continuidad del mismo. Igualmente, Casa Mediterráneo agradece el esfuerzo desinteresado de los traductores de esta edición bilingüe y, por supuesto, la ayuda del MAEC y de las Embajadas de España en Belgrado, Skopje y Atenas.

    Miguel Oliveros

    Director general, Casa Mediterráneo

     

  • La cultura sefardí en los Balcanes
    Núm. 6 (2015)

    El año 1992 fue un año especial para toda España. La celebración de las Olimpiadas de Barcelona y la organización de la Expo de Sevilla, junto con la organización de la Segunda Cumbre Iberoamericana, fueron algunos de los eventos que mostraron en aquel año el gran potencial social, económico y cultural del país. A estas celebraciones se unieron los actos conmemorativos por los 500 años del “Descubrimiento de América”, cuya fecha, el 12 de octubre de 1492, día de la Fiesta nacional, inició, como dice la ley que la regula, un “período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”.

    Sin embargo, igualmente, ese año se firmó el Edicto de expulsión de los judíos residentes en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón —el Reino de Portugal lo haría en 1496— para provocar el exilio forzoso de miles de personas que tendrían que desplazarse a otras partes del continente europeo, norte de África y, más tarde, al continente americano. Pese a darse tantos acontecimientos políticos y culturales en 1992, y de tal envergadura, paradójicamente, lejos de silenciarse lo que había sido considerado como una “injusticia histórica”, se abrió una ventana de oportunidad para visibilizar y estrechar los lazos entre la diáspora sefardí y España. Ese año la cuestión sefardí no solo tendría interés para la comunidad judía, sino que fue una ocasión sin igual para que el mundo sefardí estuviera presente en círculos académicos y culturales con multitud de actividades y encuentros que generaron una gran corriente de interés en la opinión pública.

    Fruto destacado de aquel nuevo impulso fue la creación de la Casa Sefarad-Israel, que con su actividad ha permitido poner en valor el legado judío de España y acercar a los actuales sefardíes a la que fue patria de sus antepasados, España-Sefarad. Como resultado de este acercamiento cada vez más intenso, este año se firma una nueva página de reencuentro con la aprobación por el Congreso de los Diputados de una ley que facilita las condiciones para la obtención de la nacionalidad a todos los sefardíes originarios de España, y que entró en vigor el pasado 1 de octubre. La generosidad de generaciones y generaciones de sefardíes, quienes fueron custodios de tradiciones y costumbres españolas, tiene su contrapartida simbólica en la voluntad de España de tender la mano a los descendientes sefardíes y homenajear a todos los que mantuvieron guardada con nostalgia las llaves de los que fueron sus “hogares originarios”.

    No es este el primer gesto. La memoria y lealtad de la comunidad sefardí fue reconocida en 1990, cuando le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. No obstante, ya desde tiempos de Isabel II, España había venido incentivando el acercamiento con el otorgamiento de licencias para poseer cementerios o los permisos para la apertura de sinagogas. El senador Ángel Pulido, por ejemplo, vio las posibilidades que generaba este vínculo histórico y quedó seducido por los “españoles sin patria”, promoviendo una campaña filosefardí que culminó, además de con sus reconocidas publicaciones, con la fundación de la Alianza Hispano-Hebrea en Madrid (1910) o la constitución de la Casa Universal de los Sefardíes (1920). Incluso, siendo Ministro de Estado Fernando de los Ríos, se valoró la posibilidad de conceder la nacionalidad española a los judíos sefardíes de Marruecos.

    Especialmente fue reconocido el papel que jugaron los diplomáticos españoles durante la Segunda Guerra Mundial, quienes intercedieron ante las autoridades alemanas y los gobiernos colaboracionistas para denunciar en su Ministerio la persecución de los judíos y lograr otorgar protección consular a miles de personas de origen sefardí, gracias a un Real Decreto de 1924 destinado a conceder la nacionalidad a los “antiguos protegidos españoles o descendientes de estos, y en general individuos pertenecientes a familias de origen español”. Las gestiones de Ángel Sanz Briz en Budapest, Sebastián de Romero Radigales en Atenas, Bernardo Rolland de Miotta en París, Julio Palencia en Sofía, Javier Martínez de Bedoya en Lisboa, José Rojas en Bucarest o Eduardo Propper de Callejón en Burdeos fueron determinantes para salvar todas estas vidas. Al respecto, cabe destacar que el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, en colaboración con la Casa Sefarad-Israel, promovió la exposición titulada “Visados para la libertad”, que se celebró del 13 de abril al 15 de mayo de 2011 en el Banco Nacional de Serbia, en forma de reconocimiento a los diplomáticos españoles y a sus colaboradores que durante la Segunda Guerra Mundial y de motu proprio ayudaron a los judíos perseguidos por el nazismo. Esta iniciativa tuvo continuidad en mayo de este mismo año mediante la exposición “Imágenes de un mundo perdido. La vida de los Judíos Sefardíes de los Balcanes” del Instituto Cervantes de Belgrado, elaborada sobre una muestra anterior de Casa Sefarad-Israel e imágenes y textos pertenecientes a Centropa.

    Siguiendo, pues, una trayectoria de promoción de la cultura sefardí, que ha caracterizado desde hace años las actividades culturales de la Embajada de España en Belgrado, como también del Instituto Cervantes, me complace en definitiva presentar este monográfico. Quiero aprovechar la ocasión para expresar mi gratitud a quienes lo han hecho posible: Bajo la dirección de Miguel Rodríguez Andreu, director de la revista Balkania, esta nueva edición cuenta con los conocimientos y la coordinación de una experta en este campo de investigación, la catedrática Jelena Filipović, profesora de la Facultad de Filología de la Universidad de Belgrado, a la que está Embajada está muy agradecida por todos sus esfuerzos e iniciativa. De igual modo, quiero transmitir mi reconocimiento al resto de autores y autoras: a Krinka Vidaković-Petrov, Michael Studemund-Halévy, Ivana Vučina Simović, Katja Šmid y Ana Cirić Pavlović por confiar en Balkania para compartir sus trabajos de investigación, así como a todo el equipo de traductores, por haber formado parte de un proyecto que cumple su sexto número y que me satisface vuelva a ver la luz en un año tan significativo como este.

    Miguel Fuertes Suárez

    Embajador de España en Belgrado

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    Desde la inauguración del Instituto Cervantes de Belgrado en diciembre del año 2004, el centro se ha integrado en la vida cultural de la ciudad. Fue este su objetivo, y así ha venido siendo, siempre al servicio de la lengua y la cultura de todos los países que comparten el idioma español, como también al servicio de los ciudadanos que han buscado acercarse a nuestra institución y a las actividades que organizamos y en las que participamos desde entonces.

    Una de las actividades culturales en las que la institución ha colaborado desde el año 2010 es la publicación de la revista de estudios balcánicos Balkania, cuyas presentaciones año tras año se han celebrado en nuestras instalaciones, congregando a un amplio número de asistentes y personalidades de la vida social, cultural y política de la ciudad. La presencia de expertos españoles y serbios en estos encuentros ha suscitado el interés de los medios de comunicación locales, que han reconocido los esfuerzos de la publicación por estrechar lazos entre ambas geografías, y también por aportar conocimiento sobre un territorio que tiene mucho por descubrir.

    Este año la revista dedica sus contenidos a la cultura sefardí, cuya comunidad hasta la Segunda Guerra Mundial fue muy numerosa en la zona. Ciudades como Tesalónica, Sarajevo, Estambul o Belgrado durante el Imperio otomano fueron un “nuevo hogar” para los miles de sefardíes que, expulsados de la península ibérica tras el Edicto de expulsión de 1492, llegaron a estos territorios. Durante siglos fueron guardianes y protectores de unas costumbres y un acervo ancestral, entre el que se encuentran la lengua y cultura española. Ello se ve reflejado en el enorme interés actual que hay por España y Latinoamérica en toda la región, así como por el legado sefardí.

    No es extraño entonces que el Instituto Cervantes de Belgrado juegue un papel relevante en la visibilidad y promoción de este vínculo histórico y emocional, y tenga un contacto estrecho con la comunidad sefardí en Belgrado, en Serbia y en toda la región. Este año con más motivo, debido a la aprobación de la ley por la que se facilitan las condiciones para la obtención de la nacionalidad española a la población de origen sefardí. En este sentido el Instituto Cervantes es responsable de las dos pruebas necesarias al respecto: la del conocimiento del español con el diploma de español DELE nivel A2 o superior y la que acredita el conocimiento de la Constitución y de la realidad social y cultural españolas CCSE, de las que pueden encontrar información exhaustiva en nuestra página web.

    De esta manera se mantiene una trayectoria que, desde la primera actividad que organizamos en el año 2006, se ha basado en el espíritu de impulso y visibilización de la cultura sefardí con actividades y encuentros en la capital serbia como: exposiciones, conciertos de música, certámenes de poesía, proyección de documentales (El último sefardí y El ángel de Budapest) o, más recientemente, la organización de la exposición “Imágenes de un mundo perdido. La vida de los Judíos Sefardíes de los Balcanes”, disponible actualmente para aquellas instituciones interesadas en su exhibición.

    Es en este contexto de acción y colaboración, donde el Instituto Cervantes de Belgrado no dudó en ofrecer toda su ayuda al director de la revista Balkania, Miguel Rodríguez Andreu, y a la coordinadora de este número, la catedrática en Sociolingüística y experta en la cultura sefardí, Jelena Filipović, en la edición, promoción y distribución de este monográfico. Es por ello que me satisface poder afirmar que Balkania no hace sino aportar contenidos de calidad, como lleva haciendo desde su fundación, y, además, suma esfuerzos a una tarea que desde el centro que represento se ha considerado siempre capital en nuestra propuesta y agenda cultural para la ciudad de Belgrado.

    Enrique Camacho García

    Director del Instituto Cervantes de Belgrado

  • El ámbito de los negocios en Serbia y en el sudeste europeo
    Núm. 5 (2014)

    Desde que comenzó la crisis económica, la preocupación fundamental para la mayoría de ciudadanos del continente estuvo centrada en la Eurozona. El impacto tan negativo que tuvo la crisis sobre países como Grecia, España o Portugal, fijó la atención sobre las políticas nacionales de los Estados miembros y sobre las medidas adoptadas desde Bruselas o desde el Banco Central Europeo. Por otro lado, las fronteras de la Unión Europea tienen el efecto psicológico de incentivar el olvido de lo que ocurre fuera de ellas, aunque en perspectiva estén en cuestión países candidatos como Serbia, Macedonia, Albania o Montenegro, que tienen como socio comercial principal a la propia UE.

    La crisis económica es una constante en la vida económica de la región desde la fragmentación de Yugoslavia. Los países de la región tienen que acometer muchas reformas vinculadas a su condición de países ex socialistas, pero también a su condición de futuros miembros de la UE. El hecho de que la ampliación no sea una prioridad en este momento para las cancillerías de la UE, y que estos países tengan que incentivar la actividad económica local, hace que la situación no sea de ninguna manera fácil: altos niveles de desempleo, necesidad de reformas legislativas, racionalización de los procedimientos burocráticos, lucha contra la corrupción o fortalecimientos de las garantías judiciales son desafíos en sistemas que aguantaron el impacto de la transición hacia una sociedad de mercado, pero que se encuentran anquilosadas para acometer los retos de la economía actual por falta de voluntad política, por los costes inmediatos de dichas reformas (sociales y electorales) o por el simple arraigo de los hábitos socio-económicos de los periodos anteriores.

    Con el objetivo de tomar el pulso a la actualidad económica, Balkania ha recurrido a diferentes especialistas para que ilustren qué dificultades se encuentran los inversores, con la idea de dibujar un paisaje general de los negocios en Serbia y en la región en general. Siniša Zarić en su contribución recoge las exigencias más habituales entre los inversores extranjeros en Serbia, así como una interesante comparación mediante indicadores económicos sobre el grado de competitividad del país balcánico en relación con países como Croacia, República Checa o Bulgaria, que han sufrido grandes transformaciones económicas desde su etapa socialista o soviética. Sus conclusiones destacan la importancia del Estado de Derecho como variable relevante para crear un contexto de inversiones estimulante.

    Marko Malović y Duško Bodroža cuestionan la estrategia de desarrollo dependiente de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) en Serbia, a partir de un escenario complejo donde “las consecuencia provocadas por las privatizaciones son numerosas y se reflejan en el déficit de la balanza de pagos, en el alto desempleo, en el pobre desempeño de la exportación, en la tasa elevada de inflación y en la inestabilidad del tipo de cambio”. Los autores recogen qué conceptos son erróneos sobre cómo la IED puede confrontar esta situación económica.

    Las energías renovables se han revelado como un sector clave a nivel de inversiones, pero también como un sector necesario desde un punto de vista ecológico. José María Gómez plantea las problemáticas de la inversión en este sector pero también sus posibilidades teniendo en cuenta experiencias más consolidadas: “Los Balcanes no representan una región con niveles de producción energética significativos y constituyen en su mayoría mercados energéticos de pequeño tamaño. Lejos de ser una desventaja, a la larga podría resultar un factor positivo permitiendo evitar los errores cometidos en el pasado por mercados energéticos más desarrollados”. En perspectiva está rentabilizar un sector con mucho futuro pero también que se enfrenta a diversos obstáculos políticos, legales y económicos.

    El sector agroeconómico en Serbia será uno de los que sufrirá más cambios a corto plazo, en otros motivos, dada la evidente necesidad de adaptar progresivamente la política agraria y rural con la política de la UE en el mercado común. Sobre esta cuestión Nenad Ilić defiende que: “La ausencia del desarrollo adaptivo podría causar efectos desfavorables que se reflejarían en la disminución de la población rural, en la alta tasa de desempleo y en el cada vez más alto índice de vejez de la población rural”. En este contexto sostiene que las cooperativas agrícolas deben ser estimuladas gradualmente.

    Veran Stanćetic focaliza los problemas derivados de la lentitud del sistema, las leyes inadecuadas o su inaplicación “en la ineficiencia en la organización del sector público – instituciones débiles y baja calidad de la administración pública (poor governance). En suma, se trata de la (ir)responsabilidad e ineficiencia de la elite política”. Ante lo cual el autor indica las vías de reformas posibles y deseables que se deben implementar para estimular un desarrollo económico más intenso.

    La salida de Croacia de la CEFTA con su entrada en la Unión Europea, afecta al tipo de relaciones económicas que tienen los países en el sudeste europeo, generando nuevas posibilidades de intercambio entre los actuales miembros del acuerdo. Rade Škorić sostiene que “es de esperar que los productores de Serbia sepan aprovechar esta nueva situación y las preferencias que tienen en su intercambio con los países CEFTA, frente a Croacia cuyos productos están sujetos a derechos aduaneros”.

    Para finalizar, desde mi posición como director de la revista, me gustaría transmitir mi agradecimiento a los autores de los artículos, a la Embajada de España en Belgrado, y, en especial a las traductoras Marija Minić y Dragana Štrbac, y a la Oficina Económica y Comercial, en la persona de su jefe Aitor Mate, por la ayuda mostrada y por la ilusión con la que hemos afrontado todos este proyecto, que se verá reflejado como cada año durante la presentación de la revista en el Instituto Cervantes de Belgrado. Esperamos que el trabajo realizado en Balkania n“ 5 (2014) sirva para acercar el sudeste europeo a las economías europeas y a la española en particular. Que al sector público, como al sector privado, tanto en los negocios, como en el mundo académico, esta edición les suponga, como lo viene siendo hasta el momento, una publicación interés.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania

  • Las identidades y las lenguas en el área balcánica
    Núm. 4 (2013)

    La identidad es una de la cuestiones que ha suscitado más interés entre los estudiosos de los Balcanes. Ya en los tiempos de Yugoslavia la pluralidad de naciones y religiones implicaba un atractivo campo de estudio para todos aquellos que se acercaban a la sociología o la antropología local. Muchos son los motivos que han hecho que este interés no solo no disminuyera, sino que se incrementara al calor de los acontecimientos en la zona. Todos los proyectos supranacionales que prosperaron en la región (Imperio otomano, Imperio austro-húngaro, la Yugoslavia monárquica o la Yugoslavia socialista) dejaron tras de sí un reguero de naciones sumidas en la incertidumbre político-social. Como resultado, esas naciones han revelado sus propios mecanismos de adaptación y respuesta social, en su mayoría vinculados a la religión, las tradiciones o las narrativas históricas. El análisis de las claves socio-políticas de estos episodios históricos y su impacto sobre serbios, croatas, bosnio-musulmanes o montenegrinos, ha permitido establecer tanto continuidades como discontinuidades con el pasado, ofreciendo un prisma de reacciones que han revelado que el nacionalismo o la identidad étnica no son exclusivamente fenómenos de tiempos remotos.

    Balkania en su número 4 se acerca a diversas formas de abordar la identidad sensu lato, ante la imposibilidad de articular un solo denominador común en este momento histórico. El objetivo de este número de la revista es ofrecer temáticamente una perspectiva global de este proceso en las diferentes formas en las que se refleja esa identidad (su relación dentro de Europa, la lengua, la política, la historia o el género), y también cómo se resuelven algunas de sus muchas interrogantes en un territorio donde no pueden entenderse unas identidades sin las otras. Por lo general el interés por la identidad —al igual que otros objetos de estudio—, ha estado marcado por los conflictos que surgieron en la región no hace tanto. Tal como establece Andrea Maura en su artículo de la revista: «El principal argumento es que la mayoría de trabajos sobre los Balcanes contemporáneos se ha escrito durante los momentos de crisis». Por esta razón, tal vez sea ahora, cuando la zona vive en un estado relativo de calma, cuando merece más la pena investigar el paisaje social, y ofrecer análisis rigurosos, libres de la confusión y la tensión de la zozobra política. Como se plantea en el artículo, las relaciones Balcanes-Europa son un camino de ida y vuelta, y, ello, tiene sus consecuencias sobre la manera en la que miramos los Balcanes y, también, cómo los Balcanes nos miran a nosotros.

    La relación entre lengua e identidad ha sido uno de los aspectos más controvertidos. La fundación de nuevos Estados sobre la base del grupo étnico mayoritario, o sobre la convivencia interétnica no consensuada, han significado que la lengua, según analizan Francisco Villegas y Almir Methadžović en su artículo, sea: «un campo de discordia y disputa». El resultado es la utilización interesada de la identidad como herramienta de lucha política, pero también como medio para el fortalecimiento de los vínculos étnicos. Como explica Jairo Dorado en su artículo de la revista: «mediante o alrededor de los procesos de estandarización —en sí procesos extralingüísticos— se crea una identidad lingüística y una comunidad identitaria básica articulada sobre un poder político». Ambos artículos dan cuenta de las imbricaciones sociopolíticas de la lengua, en un contexto de intereses políticos donde la estandarización lingüística ha dado lugar a muchas falsas creencias.

    El proceso de construcción nacional ha tenido implicaciones también sobre el diseño institucional. Tal como establece Aida Džanović en su artículo en la revista: «En Bosnia y Herzegovina, se parte de la disposición etno-política basada en la institucionalización de las diferencias étnicas». Si la institucionalización de las diferencias étnicas fue crucial para acordar un modelo de cohesión social donde no fueran sacrificados los valores democráticos, la fatigosa transición balcánica ha evidenciado que es indispensable avanzar también en la consolidación de la sociedad civil. La institucionalización del nacionalismo étnico puede derivar en relaciones políticas de confrontación colectiva. El resultado de este modelo es un escenario donde se combinan reivindicaciones políticas en clave local, pero también se manifiesta la imposición de sistemas políticos trazados desde la comunidad internacional. En este sentido, el artículo de Arlinda Rrustemi y Moritz Baumgärtel se detiene en los contrastes derivados de la acción política de Vetevëndosje en el contexto de la globalización, analizando un movimiento social «contra-hegemónico» cuyos planteamientos «no concuerdan con las ideas hegemónicas promovidas por la colonialidad del poder».

    Las cuestiones de género han sido un tema sensible en las últimas décadas, y tienen una estrecha relación con los debates sobre la identidad. En su artículo en la revista, Marija Grujić expone qué significado tuvo la música turbofolk entre los serbios en ese contexto: «la cultura del turbofolk, para diferenciarse de la música comercial del periodo yugoslavo, bajo el principio del colectivo, no asumía más ningún concepto regional o local de colectividad, sino solo uno claramente serbio, ortodoxo, en aquel momento el concepto de identidad nacional más dominante y hegemónico». El artículo explora el impacto que supuso la homogeneización étnico- nacional sobre las relaciones de género en el ámbito de la música turbofolk; y como la “liberación nacional” no supone una ruptura con muchos de los legados tradicionales y convencionales asociados a la mujer.

    La región sufre las metamorfosis propias de un cambio de ciclo tan complejo como son la transición política hacia la democracia y la entrada en la UE de cada uno de los países del sudeste europeo. Balkania quiere ser testigo y ponente de esta trayectoria, y busca enlazar los fenómenos políticos que surgen en la zona con cualquier latitud europea, en un esfuerzo por ofrecer un enfoque que no aísle a la región de las dinámicas políticas, económicas y sociales más relevantes del continente.

    Con esa filosofía Balkania mantiene su apuesta por los análisis en profundidad y por la cooperación entre España y el sudeste europeo. Para ello Balkania renueva su página web dotándola de mayor operatividad y actualizándola con nuevos contenidos, entre los que destacan la digitalización de Balkania 2003 y 2004, que seguro serán de interés para los lectores. Esperamos satisfacer con este número las inquietudes de todos ellos.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania

     

     

  • Transiciones en el sudeste europeo
    Núm. 3 (2012)

    La historia de una región como el Sudeste europeo se puede abordar desde perspectivas muy diferentes. Lo que la crónica periodística puede interpretar como un día clave, un episodio clave o una decisión clave, el tiempo lo diluye volviéndolo un capítulo intrascendente más de procesos históricos complejos e inciertos que no se sabe dónde terminarán.

    El concepto de larga duración (longue durèe) es un concepto desarrollado por la «Corriente de los Annales», que fue acuñado por el historiador Fernand Braudel. Partiendo del axioma de que el tiempo no se detiene, el historiador entendió que longue durèe es el tiempo de las estructuras que perduran en el tiempo, con relación a otras que resultan coyunturales o que pertenecen a ciclos políticos, económicos y sociales limitados de una determinada genealogía.

    Cuando se produjo el fin de las Guerras de Secesión de Yugoslavia, en el horizonte se dispuso un objetivo para la región: que las ex repúblicas yugoslavas fueran miembros de la UE y que con ello se neutralizaran las tensiones regionales heredadas del conflicto. La población afectada estuvo en su mayoría de acuerdo con ello. No obstante los años han pasado y, con la excepción de Eslovenia y de Croacia, el futuro no termina de aclararse al respecto. Los ciudadanos de Serbia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro o Macedonia son conscientes de que el tiempo corre, y lo que tras la fragmentación yugoslava se antojaba como la llave para acceder a un futuro esperanzador se ha convertido en una larga travesía cuyo final se desconoce. Los anuncios de dictámenes favorables de Bruselas, las declaraciones optimistas con perspectiva europea, y los plazos marcados para lograr una integración efectiva, cada vez sufren más miradas escépticas por parte de la población local que al mismo tiempo es consciente de que la Unión Europea no pasa en la actualidad por su mejor momento en plena crisis económica. El tiempo determinará si el proceso de integración europeo tiene un impacto mayor sobre la cultura política local que el que ya tiene de por sí la fragmentación de Yugoslavia y el conflicto posterior.

    Balkania en su nuevo número afronta los territorios inciertos de una transición regional que está orientada a Bruselas pero que debe cargar en cualquier caso con el peso de su historia reciente. Los dos primeros artículos de Balkania abordan esta cuestión, en los casos paralelos, pero no idénticos, de Serbia y Croacia. El proceso de integración europeo ha demostrado que cada país exige de una lectura específica sobre sus características y peculiaridades. Ambos artículos nos ofrecen un análisis integral de todas sus claves para conocer cómo se ha desarrollado este proceso de integración (Croacia) —a través de Constantino Longares— y cómo se desarrolla (Serbia) — a través de Pablo Rupérez y Mercedes Millán—.

    El derecho de restitución y de retorno de los desplazados en los casos de Kosovo y Bosnia y Herzegovina —abordado por Mikel Córdoba y Fermín Córdoba— y la situación en el Distrito de Brčko —abordado por César Pacheco— son dos ejemplos gráficos de una transición que no está exenta de interrogantes desde los efectos del conflicto mismo hasta la realidad presente más de 20 años después del final de las Guerras de Secesión de Yugoslavia. Ambos artículos ofrecen un análisis concienzudo de las dificultades que entraña la vuelta a la normalidad después de conflictos enormemente cruentos con miles de afectados, donde la comunidad internacional ha tenido que encarar su difícil gestión.

    Los efectos de la guerra no se traducen solo en cambios sobre las estructuras físicas, sino también psicológicas, como consecuencia de la asimilación de un itinerario político enormemente turbulento. En el presente se cruzan las memorias históricas heredadas, las narrativas nacionales del conflicto yugoslavo —ambas abordadas por Ruíz Jiménez—, con las estrategias de selección de la memoria nacional que se hacen en un país como Serbia, envuelto en un doble proceso, y a veces contradictorio, de construcción nacional y de promoción de los valores asociados a la integración europea —abordado por Gordana Đerić—.

    Solo el paso del tiempo nos dará una perspectiva certera sobre el impacto que tuvo cada evento político y también sobre cuál es su trascendencia posterior (longue durèe), pero parece obligado asumir que el salto del conflicto yugoslavo a la integración europea exige de un trasfondo analítico más profundo que el se nos presenta con la crónica de actualidad. Por este motivo Balkania dedica este número a los territorios difusos de una transición política que ofrece multitud de elementos de análisis y que revela tanto continuidades como rupturas desde los tiempos de Yugoslavia.

    Balkania renueva su apuesta por los análisis en profundidad con el estudio de aspectos cruciales de la realidad regional, y la publicación de este número es una buena prueba de ello. La revista mantiene su propia continuidad con el incremento de su difusión en instituciones, centros de investigación, universidades y bibliotecas públicas, con una mayor presencia tanto internacional y regional en el Sudeste europeo, como a nivel de España, donde se celebró en Madrid en junio de 2012 un acto de promoción de la revista. Al acto, organizado por la Comisión Europea y la Embajada de Serbia en España, acudieron los excelentísimos embajadores de Croacia, Bosnia y Herzegovina, Rumanía, Malta, así como representantes diplomáticos de otros países del Sudeste europeo. Presentaron la revista el embajador Javier Hergueta, el historiador Francisco Veiga, la politóloga Ruth Ferrero-Turrión, y el autor de este editorial, y en el acto se trataron diversas cuestiones concernientes a la revista.

    Durante el último año la revista también ha tenido una mayor presencia mediática, habiendo sido mencionada en diversas ocasiones en medios de comunicación de amplio seguimiento como RTVE o las redes sociales vinculadas a la actualidad balcánica (www.casabalcanes.com; www.balkanidades.com; www.eurasianhub.es; www. eurasianet.es), con lo que se puede reconocer ya una trayectoria dentro de los estudios balcánicos en español. Además en la presente edición hemos decidido traducir los artículos al serbio de tal manera que logramos llegar a un mayor número de lectores del Sudeste europeo.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania

     

  • Veinte años de la desaparición de Yugoslavia
    Núm. 2 (2011)

    Balkania vuelve a editarse en su segundo número gracias al impulso de la Embajada de España en Belgrado. A raíz del buen recibimiento que vivió el primer número, al lograr reunir un nutrido grupo de expertos en estudios balcánicos, resultaba indispensable garantizar su continuidad e intentar cada vez ser más ambiciosos. Una iniciativa que sin duda incrementará la difusión de los contenidos de la revista es la publicación de su versión digital (www.balkania.es); de este modo la revista gana en presencia, expansión y credibilidad y, además, ofrece la posibilidad de aumentar exponencialmente el número de lectores/as con una propuesta más moderna y accesible. Quedan todavía algunos objetivos por cumplir, que satisfagan los criterios de calidad más exigentes; sin embargo la senda tomada es la adecuada. La buena respuesta del público así lo conirma. Se ha concretado en nuevas propuestas de artículos, tanto para este número como para el siguiente, y buenas perspectivas para ampliar la difusión y las redes en las que Balkania se va integrando.

    Para este nuevo número se ha querido realizar un monográico sobre la disolución de Yugoslavia. La disolución de Yugoslavia sigue dando coletazos. Veinte años después de que Yugoslavia dejara de formar parte del mapa mundi europeo, la crisis de Kosovo, que algunos autores señalan como el pistoletazo de salida de los problemas regionales, todavía hoy merece la atención de la opinión pública internacional por su potencial de conlictividad. Las instituciones albanokosovares aprobaron una declaración unilateral de independencia en febrero de 2008, apoyada entre otros por los EE.UU, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, a la que se opuso irmemente Serbia, en base a la resolución 1244 (1999) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que proveía de autonomía a Kosovo, pero dentro de las fronteras de la República Federal de Yugoslavia, a la que más tarde sucedería legalmente la República de Serbia. Tras la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 22 de julio de 2010, que dictaminaba que la declaración unilateral de independencia kosovar no era ilegal, Serbia acudió a la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) para defender sus intereses soberanos en Kosovo, momento a partir del cual el contencioso vive un nuevo periodo político donde las negociaciones Belgrado-Priština se desarrollarán principalmente al amparo de la UE, y de la voluntad del gobierno serbio de entrar en el club europeo, sin renunciar a sus reivindicaciones territoriales sobre Kosovo. La negativa de la mayoría serbia en el norte a vivir bajo el gobierno de las autoridades albanokosovares genera en Belgrado una intrincada disyuntiva no oicializada: mantener históricas reivindicaciones en favor de la unidad del pueblo serbio o apostar todo a la entrada en la UE. Ambas opciones chocan con los recelos de unos y otros sectores de la sociedad serbia, escéptica ante un futuro que no acaba de aclararse.

    No muy lejos de allí, en Bosnia y Herzegovina, la funcionalidad del estado sigue estando en discusión. Un entramado institucional heredado de los acuerdos de paz de Dayton (1995), que si bien puso punto y inal a la guerra no logró asentar las mejores bases para el desarrollo político, económico y social del país. Todavía está por cristalizar una identidad bosnia que supere las divisiones étnicas entre bosníacos, serbios y croatas, más enconadas si cabe que las que se manifestaron en forma de conlicto al comienzo de las guerras de secesión yugoslavas, aunque ahora con un contexto regional diferente, que oscila entre el encorsetamiento que impone el camino hacia la UE, la redeinición política y económica, y la reconciliación postconlicto. La comunidad internacional y la UE parecen seguir siendo el salvavidas principal de un país en el que se ha invertido demasiado dinero y esfuerzos diplomáticos como para que sea abandonado a la suerte de los liderazgos étnicos, una desfavorable coyuntura economía y los frecuentes casos de corrupción, escenarios cuyas consecuencias son todavía difíciles de predecir.

    Macedonia y Grecia continúan con las espadas en alto sobre la denominación de la ex-república yugoslava. El 5 de noviembre del 2011, la Corte Internacional de Justicia dictaminó por una votación de 15 a 1 que Grecia violó el acuerdo provisional de 1995 al vetar la solicitud de Macedonia a la adhesión a la OTAN en la cumbre de 2008 en Bucarest. El acuerdo entre los dos países establece que Grecia no podría bloquear la membresía de Macedonia en las organizaciones internacionales si se hacía bajo la denominación provisional de las Naciones Unidas de la «Antigua República Yugoslava de Macedonia». Aunque existe más de 130 países que han utilizado el nombre de «República de Macedonia» en sus relaciones diplomáticas bilaterales, las Naciones Unidas y la UE utilizan el nombre de «Antigua República Yugoslava de Macedonia». Un capítulo más del empeño griego por evitar que se atribuya el nombre de «Macedonia» a este país, homónimo al de su región norteña. A esto se une la designación del aeropuerto de Skopje como «Alejandro Magno», en honor a Alejandro Magno de Macedonia, o el proyecto de refundación arquitectónica y monumental «Skopje 2014», en una clara iniciativa por impulsar el sentimiento civil macedonio y potenciar su legitimidad histórica.

    Son estos sólo algunos de los legados del pasado. Inercias negativas surgidas a partir de la fragmentación de Yugoslavia, y de los conlictos políticos y bélicos que emergieron a continuación. Por este motivo la disolución de Yugoslavia sigue siendo un tema de actualidad, que merece un estudio detenido, a través de una regeneración constante de análisis e interpretaciones que nos ayuden a entender qué está pasando y cómo abordar el futuro de la región. A estos efectos los 20 años que han transcurrido desde la disolución yugoslava se han convertido en una oportuna efeméride. El 7 de octubre de 2011 la Embajada de España junto con la Universidad Megatrend celebró en Belgrado el simposio «Veinte años después de la disolución de la Ex-Yugoslavia», presidido por el profesor Slobodan Pajović y el diplomático español Francisco de Miguel. El simposio contó con la presencia de Francisco Veiga y José Girón (España), Zdravko Grebo (Bosnia y Herzegovina), Ružica Jakešević (Croacia), Franco Juri (Eslovenia), Srgjan Kerim (Macedonia), Saša Knežević (Montenegro), Zoran Avramović y Edita Stojić-Karanović (Serbia), quienes ilustraron desde su experiencia académico-profesional diferentes lecturas de las crisis yugoslavas para situar las causas de la disolución en: la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, el proceso de redeinición territorial e ideológico que se produjo más tarde y su impacto en las instituciones yugoslavas, una acusada federalización, en especial desde la Constitución de 1974, y la incapacidad del modelo yugoslavo para adaptarse a la dinámica de un sistema democrático. Se discutieron los desequilibrios económicos entre repúblicas, el fracaso de un proyecto neoliberal para la Ex-Yugoslavia durante el gobierno encabezado por Ante Marković, la celebración inmediata de elecciones parlamentarias con la caída del comunismo, y la división étnica en torno a los líderes en cada una de las repúblicas socialistas. Una colección de causas que, por si solas, no despejan el enigma yugoslavo, aunque sí se van revelando como ob- jetos de estudio, principales, cada vez mejor fundamentados a partir de la literatura especializada y las fuentes primarias de investigación.

    Balkania ha optado en este número por trazar una línea entre los aconteci- mientos pasados y los episodios políticos que le siguieron, con una aproximación a algu- nos de los temas que rodean la actualidad balcánica y que guardan una estrecha relación con la disolución de Yugoslavia. En una primera parte Balkania ha compilado cua- tro artículos correspondientes a Francisco Veiga, Ružica Jakešević, Saša Knežević y Edita Stojić-Karanović, trabajos expuestos en el ya mencionado simposio. La organización de este evento y su vinculación a Balkania representa un paso adelante en el aianza- miento del proyecto y, además, a esto se suma, que este número integra a académicos es- pañoles y del Sudeste europeo en una iniciativa común. En una segunda parte los artículos de Carlos Taibo, Carlos González, Miguel Palacios, Antonio Moneo, Carlos Flores y Esma Kučukalić prueban la renovación de la actividad académica en los estudios balcánicos desde España y el paulatino incremento de los investigadores que trabajan en esa dirección. En una tercera parte como anexo se incluyen los artículos que han sido traducidos del original al español.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania

     

     

  • Balcanólogos españoles
    Núm. 1 (2010)

    Balkania surgió hace varios años por iniciativa del diplomático español Javier Hergueta, experto conocedor de la realidad político-económica de la región. En su tercera estancia profesional en los Balcanes, ha querido impulsar de nuevo un proyecto del cual se beneicia en esta ocasión el mundo académico español y todos aquellos que de alguna manera tenemos algún vínculo profesional y personal con el Sudeste europeo.

    Balkania busca contribuir a la difusión de una materia de estudio que todavía tiene mucho por descubrir. Los Balcanes generan toda una serie de dinámicas políticas, económicas y sociales, desconocidas para el gran público y que pese a sus especiicidades forman parte del espacio y la cultura europea. Balkania además de profundizar en la complejidad de los fenómenos político-sociales que se despliegan en la región, tiene una vocación integradora en un sentido doble: desarrollar estudios que, desde el rigor, acerquen los Balcanes al mundo académico y al público interesado en general, y abrir un espacio de reunión que fomente el interés por realizar estos estudios y difundirlos en provecho de sus propios participantes.

    Balkania en su segundo periplo nace con muchas incertidumbres, fruto de la experiencia vivida por este tipo de iniciativas en anteriores ocasiones. No obstante es ambiciosa en sus pretensiones. Espera cumplir con los criterios de calidad que merece el lector, y con la suiciente trayectoria para que llegue la ocasión en que, por su continuidad, pueda ser revista de referencia entre la comunidad académica. Con ese anhelo se busca generar un motor de optimismo que espero compartamos todos los que sentimos interés por los Balcanes y sin los cuales este proyecto no podría caminar con perspectiva de futuro.

    Es por este motivo que algunas de las personas que participan del entusiasmo de esta nueva singladura, se han animado a participar voluntariamente para darle sentido al proyecto. Francisco Veiga, Carlos Flores, Ruth Ferrero-Turrión, Arturo Esteban, Fermín Córdoba, Mikel Córdoba, Virtuts Sambró, Gorka Niubó, Antonio Moneo, Ignacio Castro y el que escribe esta carta introductoria, han elaborado toda una serie de artículos en los que han puesto todos sus esfuerzos académicos al servicio del lector.

    Finalmente quiero dar mi infinito agradecimiento a la Embajada de España en Belgrado, y a su embajador Iñigo de Palacio, como a la II Jefatura de la Embajada, Javier Hergueta, por su liderazgo y decisión en el momento de hacer el proyecto realidad. Quisiera transmitir mi agradecimiento al Instituto Cervantes de Belgrado, en la persona de su director, Antonio Lázaro Gozalo, y a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, organismo que ha posibilitado mi estancia en Belgrado en las mejores condiciones. Y, en último lugar, aunque no por ello menos importante, a los participantes en Balkania por su contribución, apoyo y dedicación a la revista, que han hecho el proyecto si cabe más ilusionante.

    Miguel Rodríguez Andreu

    Director de Balkania