Br. 2 (2011): Veinte años de la desaparición de Yugoslavia

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Balkania vuelve a editarse en su segundo número gracias al impulso de la Embajada de España en Belgrado. A raíz del buen recibimiento que vivió el primer número, al lograr reunir un nutrido grupo de expertos en estudios balcánicos, resultaba indispensable garantizar su continuidad e intentar cada vez ser más ambiciosos. Una iniciativa que sin duda incrementará la difusión de los contenidos de la revista es la publicación de su versión digital (www.balkania.es); de este modo la revista gana en presencia, expansión y credibilidad y, además, ofrece la posibilidad de aumentar exponencialmente el número de lectores/as con una propuesta más moderna y accesible. Quedan todavía algunos objetivos por cumplir, que satisfagan los criterios de calidad más exigentes; sin embargo la senda tomada es la adecuada. La buena respuesta del público así lo conirma. Se ha concretado en nuevas propuestas de artículos, tanto para este número como para el siguiente, y buenas perspectivas para ampliar la difusión y las redes en las que Balkania se va integrando.

Para este nuevo número se ha querido realizar un monográico sobre la disolución de Yugoslavia. La disolución de Yugoslavia sigue dando coletazos. Veinte años después de que Yugoslavia dejara de formar parte del mapa mundi europeo, la crisis de Kosovo, que algunos autores señalan como el pistoletazo de salida de los problemas regionales, todavía hoy merece la atención de la opinión pública internacional por su potencial de conlictividad. Las instituciones albanokosovares aprobaron una declaración unilateral de independencia en febrero de 2008, apoyada entre otros por los EE.UU, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, a la que se opuso irmemente Serbia, en base a la resolución 1244 (1999) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que proveía de autonomía a Kosovo, pero dentro de las fronteras de la República Federal de Yugoslavia, a la que más tarde sucedería legalmente la República de Serbia. Tras la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 22 de julio de 2010, que dictaminaba que la declaración unilateral de independencia kosovar no era ilegal, Serbia acudió a la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) para defender sus intereses soberanos en Kosovo, momento a partir del cual el contencioso vive un nuevo periodo político donde las negociaciones Belgrado-Priština se desarrollarán principalmente al amparo de la UE, y de la voluntad del gobierno serbio de entrar en el club europeo, sin renunciar a sus reivindicaciones territoriales sobre Kosovo. La negativa de la mayoría serbia en el norte a vivir bajo el gobierno de las autoridades albanokosovares genera en Belgrado una intrincada disyuntiva no oicializada: mantener históricas reivindicaciones en favor de la unidad del pueblo serbio o apostar todo a la entrada en la UE. Ambas opciones chocan con los recelos de unos y otros sectores de la sociedad serbia, escéptica ante un futuro que no acaba de aclararse.

No muy lejos de allí, en Bosnia y Herzegovina, la funcionalidad del estado sigue estando en discusión. Un entramado institucional heredado de los acuerdos de paz de Dayton (1995), que si bien puso punto y inal a la guerra no logró asentar las mejores bases para el desarrollo político, económico y social del país. Todavía está por cristalizar una identidad bosnia que supere las divisiones étnicas entre bosníacos, serbios y croatas, más enconadas si cabe que las que se manifestaron en forma de conlicto al comienzo de las guerras de secesión yugoslavas, aunque ahora con un contexto regional diferente, que oscila entre el encorsetamiento que impone el camino hacia la UE, la redeinición política y económica, y la reconciliación postconlicto. La comunidad internacional y la UE parecen seguir siendo el salvavidas principal de un país en el que se ha invertido demasiado dinero y esfuerzos diplomáticos como para que sea abandonado a la suerte de los liderazgos étnicos, una desfavorable coyuntura economía y los frecuentes casos de corrupción, escenarios cuyas consecuencias son todavía difíciles de predecir.

Macedonia y Grecia continúan con las espadas en alto sobre la denominación de la ex-república yugoslava. El 5 de noviembre del 2011, la Corte Internacional de Justicia dictaminó por una votación de 15 a 1 que Grecia violó el acuerdo provisional de 1995 al vetar la solicitud de Macedonia a la adhesión a la OTAN en la cumbre de 2008 en Bucarest. El acuerdo entre los dos países establece que Grecia no podría bloquear la membresía de Macedonia en las organizaciones internacionales si se hacía bajo la denominación provisional de las Naciones Unidas de la «Antigua República Yugoslava de Macedonia». Aunque existe más de 130 países que han utilizado el nombre de «República de Macedonia» en sus relaciones diplomáticas bilaterales, las Naciones Unidas y la UE utilizan el nombre de «Antigua República Yugoslava de Macedonia». Un capítulo más del empeño griego por evitar que se atribuya el nombre de «Macedonia» a este país, homónimo al de su región norteña. A esto se une la designación del aeropuerto de Skopje como «Alejandro Magno», en honor a Alejandro Magno de Macedonia, o el proyecto de refundación arquitectónica y monumental «Skopje 2014», en una clara iniciativa por impulsar el sentimiento civil macedonio y potenciar su legitimidad histórica.

Son estos sólo algunos de los legados del pasado. Inercias negativas surgidas a partir de la fragmentación de Yugoslavia, y de los conlictos políticos y bélicos que emergieron a continuación. Por este motivo la disolución de Yugoslavia sigue siendo un tema de actualidad, que merece un estudio detenido, a través de una regeneración constante de análisis e interpretaciones que nos ayuden a entender qué está pasando y cómo abordar el futuro de la región. A estos efectos los 20 años que han transcurrido desde la disolución yugoslava se han convertido en una oportuna efeméride. El 7 de octubre de 2011 la Embajada de España junto con la Universidad Megatrend celebró en Belgrado el simposio «Veinte años después de la disolución de la Ex-Yugoslavia», presidido por el profesor Slobodan Pajović y el diplomático español Francisco de Miguel. El simposio contó con la presencia de Francisco Veiga y José Girón (España), Zdravko Grebo (Bosnia y Herzegovina), Ružica Jakešević (Croacia), Franco Juri (Eslovenia), Srgjan Kerim (Macedonia), Saša Knežević (Montenegro), Zoran Avramović y Edita Stojić-Karanović (Serbia), quienes ilustraron desde su experiencia académico-profesional diferentes lecturas de las crisis yugoslavas para situar las causas de la disolución en: la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, el proceso de redeinición territorial e ideológico que se produjo más tarde y su impacto en las instituciones yugoslavas, una acusada federalización, en especial desde la Constitución de 1974, y la incapacidad del modelo yugoslavo para adaptarse a la dinámica de un sistema democrático. Se discutieron los desequilibrios económicos entre repúblicas, el fracaso de un proyecto neoliberal para la Ex-Yugoslavia durante el gobierno encabezado por Ante Marković, la celebración inmediata de elecciones parlamentarias con la caída del comunismo, y la división étnica en torno a los líderes en cada una de las repúblicas socialistas. Una colección de causas que, por si solas, no despejan el enigma yugoslavo, aunque sí se van revelando como ob- jetos de estudio, principales, cada vez mejor fundamentados a partir de la literatura especializada y las fuentes primarias de investigación.

Balkania ha optado en este número por trazar una línea entre los aconteci- mientos pasados y los episodios políticos que le siguieron, con una aproximación a algu- nos de los temas que rodean la actualidad balcánica y que guardan una estrecha relación con la disolución de Yugoslavia. En una primera parte Balkania ha compilado cua- tro artículos correspondientes a Francisco Veiga, Ružica Jakešević, Saša Knežević y Edita Stojić-Karanović, trabajos expuestos en el ya mencionado simposio. La organización de este evento y su vinculación a Balkania representa un paso adelante en el aianza- miento del proyecto y, además, a esto se suma, que este número integra a académicos es- pañoles y del Sudeste europeo en una iniciativa común. En una segunda parte los artículos de Carlos Taibo, Carlos González, Miguel Palacios, Antonio Moneo, Carlos Flores y Esma Kučukalić prueban la renovación de la actividad académica en los estudios balcánicos desde España y el paulatino incremento de los investigadores que trabajan en esa dirección. En una tercera parte como anexo se incluyen los artículos que han sido traducidos del original al español.

Miguel Rodríguez Andreu

Director de Balkania

 

 

Objavljeno: 2011-12-10