Núm. 6 (2015): La cultura sefardí en los Balcanes

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El año 1992 fue un año especial para toda España. La celebración de las Olimpiadas de Barcelona y la organización de la Expo de Sevilla, junto con la organización de la Segunda Cumbre Iberoamericana, fueron algunos de los eventos que mostraron en aquel año el gran potencial social, económico y cultural del país. A estas celebraciones se unieron los actos conmemorativos por los 500 años del “Descubrimiento de América”, cuya fecha, el 12 de octubre de 1492, día de la Fiesta nacional, inició, como dice la ley que la regula, un “período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”.

Sin embargo, igualmente, ese año se firmó el Edicto de expulsión de los judíos residentes en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón —el Reino de Portugal lo haría en 1496— para provocar el exilio forzoso de miles de personas que tendrían que desplazarse a otras partes del continente europeo, norte de África y, más tarde, al continente americano. Pese a darse tantos acontecimientos políticos y culturales en 1992, y de tal envergadura, paradójicamente, lejos de silenciarse lo que había sido considerado como una “injusticia histórica”, se abrió una ventana de oportunidad para visibilizar y estrechar los lazos entre la diáspora sefardí y España. Ese año la cuestión sefardí no solo tendría interés para la comunidad judía, sino que fue una ocasión sin igual para que el mundo sefardí estuviera presente en círculos académicos y culturales con multitud de actividades y encuentros que generaron una gran corriente de interés en la opinión pública.

Fruto destacado de aquel nuevo impulso fue la creación de la Casa Sefarad-Israel, que con su actividad ha permitido poner en valor el legado judío de España y acercar a los actuales sefardíes a la que fue patria de sus antepasados, España-Sefarad. Como resultado de este acercamiento cada vez más intenso, este año se firma una nueva página de reencuentro con la aprobación por el Congreso de los Diputados de una ley que facilita las condiciones para la obtención de la nacionalidad a todos los sefardíes originarios de España, y que entró en vigor el pasado 1 de octubre. La generosidad de generaciones y generaciones de sefardíes, quienes fueron custodios de tradiciones y costumbres españolas, tiene su contrapartida simbólica en la voluntad de España de tender la mano a los descendientes sefardíes y homenajear a todos los que mantuvieron guardada con nostalgia las llaves de los que fueron sus “hogares originarios”.

No es este el primer gesto. La memoria y lealtad de la comunidad sefardí fue reconocida en 1990, cuando le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. No obstante, ya desde tiempos de Isabel II, España había venido incentivando el acercamiento con el otorgamiento de licencias para poseer cementerios o los permisos para la apertura de sinagogas. El senador Ángel Pulido, por ejemplo, vio las posibilidades que generaba este vínculo histórico y quedó seducido por los “españoles sin patria”, promoviendo una campaña filosefardí que culminó, además de con sus reconocidas publicaciones, con la fundación de la Alianza Hispano-Hebrea en Madrid (1910) o la constitución de la Casa Universal de los Sefardíes (1920). Incluso, siendo Ministro de Estado Fernando de los Ríos, se valoró la posibilidad de conceder la nacionalidad española a los judíos sefardíes de Marruecos.

Especialmente fue reconocido el papel que jugaron los diplomáticos españoles durante la Segunda Guerra Mundial, quienes intercedieron ante las autoridades alemanas y los gobiernos colaboracionistas para denunciar en su Ministerio la persecución de los judíos y lograr otorgar protección consular a miles de personas de origen sefardí, gracias a un Real Decreto de 1924 destinado a conceder la nacionalidad a los “antiguos protegidos españoles o descendientes de estos, y en general individuos pertenecientes a familias de origen español”. Las gestiones de Ángel Sanz Briz en Budapest, Sebastián de Romero Radigales en Atenas, Bernardo Rolland de Miotta en París, Julio Palencia en Sofía, Javier Martínez de Bedoya en Lisboa, José Rojas en Bucarest o Eduardo Propper de Callejón en Burdeos fueron determinantes para salvar todas estas vidas. Al respecto, cabe destacar que el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, en colaboración con la Casa Sefarad-Israel, promovió la exposición titulada “Visados para la libertad”, que se celebró del 13 de abril al 15 de mayo de 2011 en el Banco Nacional de Serbia, en forma de reconocimiento a los diplomáticos españoles y a sus colaboradores que durante la Segunda Guerra Mundial y de motu proprio ayudaron a los judíos perseguidos por el nazismo. Esta iniciativa tuvo continuidad en mayo de este mismo año mediante la exposición “Imágenes de un mundo perdido. La vida de los Judíos Sefardíes de los Balcanes” del Instituto Cervantes de Belgrado, elaborada sobre una muestra anterior de Casa Sefarad-Israel e imágenes y textos pertenecientes a Centropa.

Siguiendo, pues, una trayectoria de promoción de la cultura sefardí, que ha caracterizado desde hace años las actividades culturales de la Embajada de España en Belgrado, como también del Instituto Cervantes, me complace en definitiva presentar este monográfico. Quiero aprovechar la ocasión para expresar mi gratitud a quienes lo han hecho posible: Bajo la dirección de Miguel Rodríguez Andreu, director de la revista Balkania, esta nueva edición cuenta con los conocimientos y la coordinación de una experta en este campo de investigación, la catedrática Jelena Filipović, profesora de la Facultad de Filología de la Universidad de Belgrado, a la que está Embajada está muy agradecida por todos sus esfuerzos e iniciativa. De igual modo, quiero transmitir mi reconocimiento al resto de autores y autoras: a Krinka Vidaković-Petrov, Michael Studemund-Halévy, Ivana Vučina Simović, Katja Šmid y Ana Cirić Pavlović por confiar en Balkania para compartir sus trabajos de investigación, así como a todo el equipo de traductores, por haber formado parte de un proyecto que cumple su sexto número y que me satisface vuelva a ver la luz en un año tan significativo como este.

Miguel Fuertes Suárez

Embajador de España en Belgrado

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Desde la inauguración del Instituto Cervantes de Belgrado en diciembre del año 2004, el centro se ha integrado en la vida cultural de la ciudad. Fue este su objetivo, y así ha venido siendo, siempre al servicio de la lengua y la cultura de todos los países que comparten el idioma español, como también al servicio de los ciudadanos que han buscado acercarse a nuestra institución y a las actividades que organizamos y en las que participamos desde entonces.

Una de las actividades culturales en las que la institución ha colaborado desde el año 2010 es la publicación de la revista de estudios balcánicos Balkania, cuyas presentaciones año tras año se han celebrado en nuestras instalaciones, congregando a un amplio número de asistentes y personalidades de la vida social, cultural y política de la ciudad. La presencia de expertos españoles y serbios en estos encuentros ha suscitado el interés de los medios de comunicación locales, que han reconocido los esfuerzos de la publicación por estrechar lazos entre ambas geografías, y también por aportar conocimiento sobre un territorio que tiene mucho por descubrir.

Este año la revista dedica sus contenidos a la cultura sefardí, cuya comunidad hasta la Segunda Guerra Mundial fue muy numerosa en la zona. Ciudades como Tesalónica, Sarajevo, Estambul o Belgrado durante el Imperio otomano fueron un “nuevo hogar” para los miles de sefardíes que, expulsados de la península ibérica tras el Edicto de expulsión de 1492, llegaron a estos territorios. Durante siglos fueron guardianes y protectores de unas costumbres y un acervo ancestral, entre el que se encuentran la lengua y cultura española. Ello se ve reflejado en el enorme interés actual que hay por España y Latinoamérica en toda la región, así como por el legado sefardí.

No es extraño entonces que el Instituto Cervantes de Belgrado juegue un papel relevante en la visibilidad y promoción de este vínculo histórico y emocional, y tenga un contacto estrecho con la comunidad sefardí en Belgrado, en Serbia y en toda la región. Este año con más motivo, debido a la aprobación de la ley por la que se facilitan las condiciones para la obtención de la nacionalidad española a la población de origen sefardí. En este sentido el Instituto Cervantes es responsable de las dos pruebas necesarias al respecto: la del conocimiento del español con el diploma de español DELE nivel A2 o superior y la que acredita el conocimiento de la Constitución y de la realidad social y cultural españolas CCSE, de las que pueden encontrar información exhaustiva en nuestra página web.

De esta manera se mantiene una trayectoria que, desde la primera actividad que organizamos en el año 2006, se ha basado en el espíritu de impulso y visibilización de la cultura sefardí con actividades y encuentros en la capital serbia como: exposiciones, conciertos de música, certámenes de poesía, proyección de documentales (El último sefardí y El ángel de Budapest) o, más recientemente, la organización de la exposición “Imágenes de un mundo perdido. La vida de los Judíos Sefardíes de los Balcanes”, disponible actualmente para aquellas instituciones interesadas en su exhibición.

Es en este contexto de acción y colaboración, donde el Instituto Cervantes de Belgrado no dudó en ofrecer toda su ayuda al director de la revista Balkania, Miguel Rodríguez Andreu, y a la coordinadora de este número, la catedrática en Sociolingüística y experta en la cultura sefardí, Jelena Filipović, en la edición, promoción y distribución de este monográfico. Es por ello que me satisface poder afirmar que Balkania no hace sino aportar contenidos de calidad, como lleva haciendo desde su fundación, y, además, suma esfuerzos a una tarea que desde el centro que represento se ha considerado siempre capital en nuestra propuesta y agenda cultural para la ciudad de Belgrado.

Enrique Camacho García

Director del Instituto Cervantes de Belgrado

Publicado: 2015-12-13

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